La yaya Matu decía muchas cosas
y todas eran ciertas
aunque con su humor
te gustaran más o menos,
sus opiniones y sus dichos populares,
y cada uno se quedaba a fuego
como clavos ardientes.
Decía que la pena no era envejecer
y ver a tus amigos morir
sino verles morir de jóvenes
cuando aún les quedara vida que correr
y penas que llorar.
No me atreví a ir a tu entierro
no quise ver a la gente
mirando lo poco que quedó de tí,
ojos que reían en días grises
ni esa sonrisa que iluminaba calles enteras,
lo poco que dejó de tí
la quimio de mierda
ni ver apagarte en sesiones.
Te encuentro en los ojos de tu madre
tan triste, tan sola, tan brillante
ese brillo que nos dejaste
tesoros enterrados bajo un colegio
juegos de escondite infinitos
lágrimas mezcladas con herrumbre
son como aquel pacto de sangre
porque mañana todas nuestras hijas
llevarán tu nombre.
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sábado, 17 de enero de 2015
viernes, 1 de febrero de 2013
Insomnio y revistas

Ultimamente no duermo bien, no respiro bien, no me siento bien y no entiendo la razón. Se dice que hay personas que no descansan bien porque saben que hay algo que les renconcome. Pero creedme, no es mi caso. ¿Por qué? Pues no lo sé, mi día a día es levantarme a las 9 de la mañana, ponerme a dibujar, parar para comer o cenar, y seguir dibujando hasta bien entrada la noche y me entra el sueño, pero entonces intento conciliarlo y entregarme a los brazos de Morfeo y me embarga la tristeza, entonces me levanto, me siento en la mesa de mi estudio, cojo una revista, de moda, de historia o de lo que sea, y sigo dibujando hasta que me duelen las manos y las lágrimas no me dejan ver ni la página que estoy rellenando.
No entiendo éste mundo, en serio. No entiendo cómo la gente puede aprovecharse así de la ilusión de una persona y destrozar todas sus esperanzas. Dibujo para vivir, vivo para dibujar, desde que era muy pequeña ha sido lo que más me ha gustado hacer, lo haga bien o mal, me da lo mismo, pero ahora mismo es mi sustento, mi medio de vida y mi razón para levantarme por las mañanas.
Quisiera no hacer caso a los desprecios que me brindan algunas personas, me disfrazo, me pongo una careta y finjo que no me importa, que sigo adelante, que soy más fuerte, que tengo un pincel y puedo pintar encima de todo ello, pero noche tras noche me levanto de la cama pensando en toda esa gente que me hace daño y les dedico mi tiempo y mi esfuerzo. Agarro una revista y dibujo sistemáticamente vomitando mi rabia sobre algo que no logro entender.
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